De-cadencia, que no decadente

08/05/2009

En lo que al conocimiento de la música se refiere y su perdurabilidad en el tiempo y en el espacio, la oralidad y la memoria han sido las encargadas de salvaguardar uno de los tesoros más bellos de cualquier pueblo. Esto es el folclore, un mensaje trascendente y universal, que toma diferentes vestiduras dependiendo de lo que en cada casa se guisa. Esta relación entre un grupo de individuos y el sonido, ha ido otorgándole, a este último, la idiosincrasia propia de los primeros. Varios cientos años después de que sucediera el milagro de la composición popular, podemos definir claramente su contexto original.
Las relaciones comerciales fueron, durante muchísimos años, el único contacto directo que existía entre culturas. No fluía nada más, salvo la música, que persiguió este hermanamiento económico de manera sutil, casi sin que se diera nadie cuenta. Observemos, si no, la cadencia frigia tan peculiar de la malagueña. Ese canto tan melancólico y que consideramos tan nuestro, también podemos escucharlo en prácticamente todos los lugares donde las tres religiones monoteístas alcanzaron en su expansión. Disfrutemos con cualquier canto sefardí o entonemos cualquier melisma arabizado y notaremos el parecido entre ambas. Verdad es que podríamos pensar que los años de convivencia entre musulmanes, judíos y cristianos en Sefarad, Al-Andalus o España; es el fruto de tal parecido, pero no es del todo cierto. Si aumentamos la distancia y nos acercamos al conflictivo Oriente Medio, el parecido no se difumina.
Musicalmente no somos tan diferentes. No es tanto lo que nos separa, sino las ansias de tener razón. El querer decir que lo propio es lo mejor o que del extraño no hay que fiarse. Pero siempre hay alguna simiente que escapa a la aridez del desierto y alcanza el único lugar favorable para poder germinar. Quizá no sea el amazonas, pero el paso que dieron hace ya 10 años Daniel Baremboim (argentino-israelí) y Edward Said (palestino) creando la Orquesta Diván Este-Oeste con músicos israelitas y palestinos, es un gran salto para conseguir la paz.
Baremboim, comentó en el concierto de año nuevo que “El conflicto no tiene solución militar, hay que escuchar al prójimo”. Hagamos caso de esta reflexión y no nos pongamos los tapones en los oídos para no escuchar el ruido de la guerra. Tan sólo tenemos que parar el ruido para escuchar al que tenemos al lado.

Francisco Majek Medina.

Publicado en musicalia.

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