#Chicago, El Musical – #AuditoriodeTenerife

02/01/2011

El pasado día 30 de diciembre asistí a Chicago, El Musical; a la sesión de las 21:30, que la gira patrocinada por Movistar nos ofreció en el Auditorio de Tenerife. No soy un crítico profesional ni, tampoco, pretendo serlo en este post, pero me gustaría comentar mi impresión general de la sesión.

Mis referencias y por ende, el prejuicio con el que iba, se limitaban a la película protagonizada por Renee Zellweger, Catherine Zeta-Jones y Richard Gere y a las críticas que me dediqué a leer por Internet. Pocas son, lo reconozco, y es por ello que, no voy a hacer una crítica formal.

Entrando al Auditorio y decidido a tomarme un refrigerio antes de la función, me di cuenta de que la cafetería no está totalmente preparada. Primero, el espacio que ocupa, un rinconcito en forma de cuña y con una barra muy alargada, no es el adecuado. Tan sólo fijarse en la cantidad de gente que se agolpa debido a la falta de mesas y butacas es clara. Segundo que los montaditos que se distribuyen en platos están junto a los codos de los clientes y sus copas, y bajo su aliento que, intencionadamente o no, deja caer cierta humedad bucal sobre ellos. ¿No podrían colocarlos en expositores como en todos lados?

Incluyendo en esta descripción del pre-musical decir que prefiero una llamada a la manera de la Fanfarria de Orfeo, de Monteverdi; simplemente por evitar esos labios azulados que aparecen en las pantallas del recinto avisándonos, con cierto retintín, que faltan 10 minutos para el comienzo. Esto es cuestión más personal y, sobre todo, por costumbre.

Ya en el acto, sentado en la parte baja de las gradas, fila 7, y mirando el escenario desde el centro, pude disfrutar un comienzo un poco extraño. Tras la incitación al silencio, el público continuó hablando durante el suficiente tiempo como para que muchos y muchas no se enteraran de que Marta Ribera, que interpretaba el papel de Velma Kelly, sería sustituída por su cover Vanesa Bravo.

El humor, durante toda la obra, superó mis espectativas, haciéndome reir en los momentos menos esperados y haciendo que la película musical que conocía, pareciera la amiga seria del grupo. Roxie Hart, interpretada por María Blanco, nos deleitaba con su humor infantil, como si de niña buena se tratara; Velma Kelly hizo una graciosa actuación en “Yo sóla nunca podré”, el amoroso abogado Billy Flynn, que gracias a Asieta no lo interpretó ni Manuel Banderas que según las críticas está calificado con un suficiente, ni tampoco Carlos Lozanos que con esa sonriza forzada no me hace mucha gracia, sino por Manuel Rodríguez, nos dejó claro que ese supuesto amor por la verdad, la transparencia y el apoyo a quien se encuentra en minoría, no es más que puro interés económico; y el patético Amos Hart, dándole vida Fedor de Pablos Puig, que se llevó varias ovaciones finales y durante sus actuaciones, muchísimo más fuertes de las que se llevó nadie esa noche, salvo en su interpretación “Míster Celofán”.

Los números brillantes que yo llevaba de casa preparados eran “Dulce bombón”, “Tango de la prisión” y “Honey Rag” y, cuál fue mi sorpresa, ninguno de ellos fueron los que me deslumbraron, no por mala interpretación, sino porque ya venía con un gusto demasiado predefinido. En cambio, los números “Si cuidáis a Mama”, “Lo que importa es el amor”, “A por la pistola van” y “Deslúmbralos” me dejaron encandilado y no precisamente por los focos utilizados en la última y orientados esporádicamente al público.

  • El fragmento “Si cuidáis a Mama”, protagonizado por Linda Mirabal Jean-Claude fue muy bueno, eso sí, nada sensual respecto al fim. La voz de Linda Mirabal y su porte decidido y masculinizado en el escenario dejan claro que esta señora, en la cárcel, es la que manda.
  • Cuando llegó “Lo que importa es el amor”, la gracia con que el protagonista de esta escena y sus acompañantes la manejan, no dejan otra cosa que decir: ¡bravo!
  • “A por la pistola van”, en donde aparecen Billy Flyn, Roxie Hart y Mary Sunshine fue también magistral. La interpretación de Roxie-marioneta necesita total seguridad y compenetración entre ella y su abogado, y la tuvo. La periodista travestida excesivamente ingenua, que en mi tierra palmera la llamarían algo así: “tremenda coñaboba”, nos hace soltar la carcajada desde el primer momento en que comienza con sus preguntas al títere de Roxie.
  • Finalmente, entre las escenas destacadas, en “Deslúmbralos” quien se lleva la medallita es todo el elenco que interviene y su puesta en escena. Nada más comenzar, bajan unos focos desde la parte superior de la tramoya orientados al público, y al llegar a su ubicación final, se giran al techo y los bailarines juegan con las luces y sombras que esto produce.

Entre el rebujón de cosas positivas, decir que me encantaron las claras críticas al sistema judicial estadounidense que se especificaron casi al finalizar. También me pareció bastante adecuado el precio de las entradas, que consiguió un lleno total en el Auditorio de Tenerife influído también por la fecha elegida, período vacacional de invierno, cuando algunos tenemos más tiempo libre.

Por el otro lado de la moneda, cabría destacar que algunos números estaban un poco flojos, de interpretación, de luces, de movimiento en escena o de cualquier otra cosa que pudo perjudicar el estado de encantamiento en que estaba, por ejemplo, “Dulce bombóm” o “Roxie”, “Míster Celofán” o “Mi amiga fiel soy yo”. Añadir a estos números que los bailarines que no participaban, al estar colocados en sillas en los laterales del propio espacio escénico, no se estaban quietos cuando así se necesitaba.

Otra crítica negativa y con una dirección muy peligrosa, el público, sería la desvergüenza de los asistentes al levantarse y marcharse incluso antes de que acabara la actuación, no como protesta, sino por prisa. Después un amigo me explicó que es muy habitual que los chicharreros, sin ánimo de ofender, con ansias por llenar el gaznate con comida china, intentan ser los primeros en marcharse para no tener que pedir la vez a esas horas. Para mis usos y costumbres, hubo demasiado aplauso innecesario tras cada canción, haciendo parecer el musical un concierto, e impedir el transcurso normal de la obra.

Por último, y como aporte muy mejorable para la correspondiente consejería del Cabildo de Tenerife:

Cómo es posible que en Navidad la última guagua dirección La Laguna salga de Santa Cruz a las 11 de la noche, o que el último tranvía descendente llegara justo cuando estábamos saliendo del Auditorio, o que no hubiera ni un sólo taxi en el Intercambiador preparado para ese movimiento de masas. Nada, que mucho querer reducir el tráfico y el ruido en Santa Cruz, mucho querer aliviar la cuestión medioambiental, pero o bajas en coche o te quedas en la calle.

Como conclusión, al finalizar el acto me quedó un regusto muy agradable. Quedé complacido y recomiendo ir a verla.

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