Heterofonía

19/10/2014

IMG_6744A colación al experimento auditivo realizado por mi querido amigo Pedro Gasio, cantando un romance contra las petroleras, quise responder en pocas líneas, pero fue imposible y es por lo que hago este texto.

La armonía (o harmonía, como me gusta escribirlo) es un estudio riquísimo que ha ido evolucionando a lo largo de toda la experiencia musical de la humanidad, desde el paleolítico; que ha investigado las mezclas de sonidos que suenan bien, y otros que no tanto, o incluso que molestan. Es como la comida, donde mezclar tomates con queso blanco, sal, ajo y orégano, a muchos nos abre el apetito y, donde hacerte un bocadillo de sardinas, mantequilla y nocilla, a muchos nos parece una cochinada. Bien es cierto, que en algunos casos, las mezclas ‘raras’ salen bien. Así, podemos hacer un viaje por nuestra enciclopedia musical y desempolvar repertorio similar a las recetas de mamá, donde los ingredientes se mezclan así porque sabemos que nos van a gustar. En cambio, otras músicas, con mayor o menor acierto, decidieron mezclar y experimentar para obtener un producto diferente al potaje de calabaza de siempre. Hubo quien mezcló el pan, la leche condensada y las anchoas (probado y verificado) y le salió un montadito que choca en ingredientes pero que sabe de maravilla.

A mis niños en clase, siempre les digo lo mismo cuando les hablo del ruido: cualquier cosa puede hacer ruido o música, la diferencia está en si molesta. Entonces nos ponemos manos a la obra y con golpes, taponazos a las mesas, al suelo, las persianas, en el cuerpo, con los lápices, hacemos una escandalera terrible donde cada uno hace, literalmente, lo que le da la gana. Casi todas las clases acaban por auto-regularse (realmente es molesto estar allí dentro escuchando tremendo atentado contra los oídos). Suelen pararse y, si no, a una señal, los paro. Pregunto si les gustó. Los que desprenden más violencia, están encantados, se desfogaron dando golpes a todo lo que trancaron; los que no desprenden esa violencia, suelen acabar violentados y molestos con la práctica que acabamos de hacer. A partir de ahí, dirijo yo un fisco y entre todos, acabamos haciendo música con los mismos golpes que antes hicieron ruido. La cuestión está en la comunidad y la comunión, en decidir qué parámetros serán nuestros guías para orientar nuestra producción.

Esto sucede con el estilo heterofónico característico de los cantos colectivos, sobre todo romances, que se cantan en Canarias. También existen peculiares formas de heterofonía como en la afinación de los pitos herreños (http://youtu.be/eNwuLRRYj2k?t=1m4s) que tienen diferente ancho, diferente largo, los agujeros están más o menos hechos como se puede, y no importa, porque suena a música. En la cuestión del romancero, es algo maravilloso, casi místico, que despiertan mi memoria sensitiva y me recuerdan a mi hogar de La Palma, a las romerías de La Gomera y a esas medas de El Hierro. Todos ellos, caracterizados por no tener como guía la armonía (al contrario que el jazz), sino el ser partícipe de un pulso colectivo. Y en la colectividad está la diferencia, la idiosincrasia individual que nos es propia a cada ser humano. Unos son viejos, otros chicos, otros tienen la voz rota, otros desafinan, los hay que enamoran al escucharlos y los hay que no tienen memoria y de todo se olvidan, los hay que buscan destacar y los hay que repiten lo que oyen, también los que piensan que lo nuevo es mejor y los que directamente, ni mugen, ni crujen. Eso es la milagrosa heterofonía del romance, la capacidad de escuchar una historia y ser partícipes, aportando lo que cada uno pueda y quiera.

La estructura del romance es, en casi todas las canarias, similar. Un pie de romance, o responder, que quien va a contar la historia, dice varias veces para que la gente lo entienda, el grupo cuando lo entiende lo repite y es cuando empieza la magia. A cada verso del romance, se responde con el pie. Cada persona es libre de responder, a su modo y con su voz. En cada casa se juega al parchís de una manera, y en el caso del romance, lo enriquecedor es que cada uno trae de “su casa” sus reglas melódicas y, no se trata de que tú ganes, ni que todos canten como tú porque tú eres quien canta bien, sino que se respeta que cada uno cante como sabe y puede.

La heterofonía podríamos resumirla como la tolerancia el respeto absoluto a la diferencia sonora de tu hermano.

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